viernes, 3 de octubre de 2008

material bibliográfico parte II

El telespectador multimediático

José Sixto García

josesixtogarcia@hotmail.com

José Sixto

. Pertenece a la Universidad de Santiago de Compostela, donde se licenció en Periodismo con

Premio Extraordinario Fin de Carrera. Sus líneas de investigación se centran en la comunicación

institucional y en la producción de la información. Entre sus artículos publicados recientemente destacan

"Interpretación, análisis y contexto; nuevas necesidades del periodismo" o "las notas de prensa en la

comunicación pública gallega: la relación gobierno-medios".

Resumen

El lector de hoy es un lector en el sentido amplio de la palabra. Se trata de un lector –o un telespectador- de

soportes impresos, radiofónicos, televisivos y digitales que explora de manera continua, esporádica o

accidental, pero siempre de forma selectiva. Para narrarse a sí mismo y narrar a otros la actualidad

cotidiana, este lector construye a partir de estos soportes sus propios relatos. Y sea cual sea el número de

soportes a los que accede todos ellos funcionan respecto de él como fuentes primordiales. En este sentido,

su conocimiento de la realidad estará, entonces, fuertemente influido por los soportes que elige y frecuenta.

Palabras clave

Televisión, ciudadanía, periodismo de calidad.

1. Una panorámica a la actualidad

Los periodistas cada vez están teniendo mayor dificultad a la hora de 'vender las noticias', sobre todo entre

los lectores menores de 55 años, debido a que la información está de sobra disponible –en muchos casos

de manera gratuita- para todo usuario que desee acercarse a ella. La amenaza de Internet puede ser

incluso mayor que la que produjeron la radio y la televisión en su día. Ahora las noticias no sólo llegan

rápidamente, sino que además llegan gratis. Ya no es necesario esperar a la mañana siguiente para leer el

titular en la primera plana del periódico porque ahora el titular se escribe y se difunde casi al tiempo que se

produce el hecho.

Telecinco emprendió dentro de '12 meses, 12 causas' una campaña destinada a fomentar la lectura de la

prensa diaria. Con el lema "ponte al día, lee el periódico y comprende mejor el mundo" la campaña pretende

hacer entender a los espectadores que a través de la consulta de la prensa diaria se puede desarrollar una

capacidad analítica y crítica de la actualidad. El objetivo final es la lucha contra la desinformación de la

juventud, que muestra datos alarmantes según las conclusiones extraídas del Libro Blanco de la Prensa

Diaria 2007. El libro señala que "apenas un 26% de la población femenina es lectora de periódicos, frente al

47% de los hombres. La desinformación se agrava aún más entre los jóvenes con edades comprendidas

entre los 14 y los 19 años, cuya proporción de lectores es tan sólo del 25%", mientras que "los lectores

digitales de entre 14 y 34 años representan el 58% de los lectores totales, frente al 35% equivalente en los

diarios de papel". Esto no quiere decir que los jóvenes ya no se informen, sino que han cambiado sus

canales de acceso a la información. Las generaciones de antes estaban acostumbradas a comprar el

periódico todas las mañanas, pero ahora cualquier ciudadano puede encontrar en otros muchos soportes

toda la información que necesite.

El profesor Javier Fernández del Moral señaló algunas de las causas principales que, en su opinión,

remataron por constituirse en los pilares básicos sobre los que se consolidaría la crisis mundial de la

prensa. Relaciona:

a) Crisis económica general

b) Crisis del papel para la prensa

c) Crisis de la distribución de la prensa

d) Competencia entre los medios

e) Crisis de los contenidos informativos y de su credibilidad (Del Moral, 1983, p.260-1).

Que los medios tradicionales no pueden competir con la red en la instantaneidad de la información es, pues,

evidente. La solución es clara: los periodistas podrían intentar hacer y vender algo más que noticias. Para

muchos de ellos surge la duda: ¿qué hacer? Lejos del mimetismo informativo que provoca el periodismo

hecho en los despachos gracias a las agencias de noticias, una solución sería la de ir más allá y elaborar un

periodismo de mayor implicación por parte del profesional en el que la calidad del producto se deba, en

buena medida, al grado de diferenciación que se demuestre con respeto a lo que 'los colegas' hacen. Es

decir, vuelve a estar de moda que sea el periodista quien busque la noticia y no que la noticia busque al

periodista. Pero, por otro lado, el receptor quiere información, pero también análisis, interpretación e incluso

opinión sobre los hechos:

El periodista no se hace imprescindible por su capacidad para recoger y organizar los hechos, sino

por su facultad para interpretarlos y contextualizarlos, yendo más allá del simple hecho y explicando

las causas, las consecuencias y los efectos, valorando como los antecedentes (background)

repercuten en el presente y como pueden condicionar el futuro (Sixto, 2007, p.623).

2. La televisión del espectador multimediático

En los últimos años el periodismo ha sufrido cambios sustanciales que no sólo afectan al ejercicio de la

profesión, sino a la consideración social que se pueda tener de los profesionales de la comunicación y la

información. Aparte de las innegables mejoras que han traído las nuevas tecnologías para la actividad

periodística, sobre todo en lo que a interactividad y a soportes multimediáticos se refiere, también estamos

siendo testigos de una televisión "invadida" por personajes que saben y opinan de todo y más y que nos

hacen cuestionarnos acerca del papel que cumple la televisión en esta sociedad del conocimiento y, sobre

todo, qué función puede desenvolver el periodista en este escenario de competidores variopintos, en

muchas ocasiones intrusos en la profesión y, en el mejor de los casos, formados en otras disciplinas

diferentes a las Ciencias de la Comunicación.

Por eso, es necesario que los periodistas cambien hábitos y rutinas de trabajo para que las informaciones

que preparan ofrezcan algo más al telespectador –y por extensión al lector de periódicos, al oyente de radio

o al navegante de la red- que la simple descripción de los hechos que, por otro lado, actualmente ya no es

necesario esperar al día siguiente para encontrarla porque la información se difunde casi al mismo tiempo

que se produce. Una posible alternativa a esta competencia está en las informaciones más interpretativas y

analíticas, no sólo en televisión, pero también en ella.

2.1 Características

1. Los medios en general y la televisión en particular no tienen agenda propia, sino que los temas

responden a estrategias institucionales desarrolladas para aparecer en ellos y mejorar su imagen.

Caminamos hacia un periodismo sin fuentes o de fuentes exclusivamente institucionales, mientras

que la voz del ciudadano disminuye su presencia de forma progresiva.

2. La televisión se ha convertido en una plataforma que soporta la fragmentación de la realidad a

través de la fragmentación de los contenidos: noticia tras noticia, supuesta noticia tras supuesta

noticia, etc.

3. Se ha abandonado la vieja cultura de servicio público a favor del mercado. Primero se construye y

después se vende. Se promueve la filosofía de grandes masas de espectadores concentrados

delante de la televisión atraídos por el sexo, la violencia, la sensiblería, la superstición o el humor

grueso.

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4. Se ha pasado de la objetividad de la información para entrar de lleno en el sesgo partidista y ahora

son los propios medios los que hacen el papel de los políticos, al tiempo que tienen la potestad de

definir lo que es políticamente correcto.

5. Cada vez se fomenta más la 'telebasura' a cambio de olvidar el respeto por derechos

fundamentales como el honor, la intimidad, el respeto, la veracidad o la presunción de inocencia.

6. Se llega incluso a hablar de investigación periodística cuando en muchos casos lo único que se

hace es imponer la cultura de la polémica, el insulto y la falsa acusación. Cuanto más escandaliza

más interés suscita.

2.2 Propuesta de cambio: más interpretación, más análisis, más contexto

Con sólo información no basta, los lectores echan en falta además el análisis, la interpretación, la valoración

e incluso la opinión del profesional sobre el acontecimiento. Recurrir exclusivamente a las informaciones de

agencia tiene un efecto devastador en el resultado, es decir, poco o nada se distinguirán las noticias de este

o de aquel medio. La clave está, entonces, en la diferencia que aporta el análisis de los hechos:

Una de las mayores preparaciones que exige el ejercicio moderno del periodismo es una mayor y

mejor capacidad para relacionarse y negociar con las fuentes de la información, lo que asegura la

retroalimentación constante del periodista, eliminando así la clásica dependencia de los canales

oficiales, señalada por Gaye Tuchman en 1983 al describir el proceso típico de producción de la

noticia (Sixto, 2007, p. 623).

Esta realidad es tan fuerte hasta el punto de que la antigua competencia que se daba entre los periodistas

en cuanto a la velocidad para encontrar la primicia informativa del día se desplazó hoy hacia el marco de las

fuentes de la información, los contextos y los archivos.

Señaló en una entrevista (2003) el presidente de la CNN Internacional, Chris Cramer, que "la esencia del

periodismo es más importante que nunca, porque fluye tanta información (...). Depende de los profesionales

cultivar su credibilidad. No importan las herramientas: periódicos, televisión, radio, Internet... Gracias a

Internet y a los satélites las culturas están más próximas, es más fácil la difusión de la información (...), pero

las tecnologías no pueden hacer perder la autenticidad ni la sensibilidad". Cada vez son más los portales de

la información que apoyan el texto con sonidos e imágenes –estáticas o en movimiento-, de forma que el

producto final es distinto.

Ni el lector ni el telespectador tienen razón para creer que el periodista vaya a estar presente en cualquier

acontecimiento que se produzca en un día cualquiera, o cuando menos, de que ese hecho vaya ser

interpretado y analizado por el profesional de una manera satisfactoria. John F. Burns, corresponsal del

periódico

The New York Times en Irak, señala que si no ofrecemos más que un montón de acontecimientos,

sin intención de situarlos en un contexto más amplio y de analizar lo que significan, poco o ningún valor van

a tener. En esta línea, Farnaz Fassihi, reportera en Irak del periódico

The Wall Street Journal, escribió en un

correo electrónico que no tenía pretensión de hacerse público valoraciones personales sobre la situación

que se vivía en el país. Ése es el valor de la información: el análisis, el comentario, la valoración. Fassihi,

sin saberlo, sólo hacía una cosa, luchar contra ese truco mágico de los periodistas que los hace

desaparecer a ellos y a sus propias conclusiones.

Ahora bien, cierto es también que para muchos periodistas acostumbrados a la regla de las 6w's no resulta

sencillo cambiar de chip y profundizar en este tipo de periodismo que apuesta por una visión de análisis de

los hechos global y completa. Las conversaciones que los periodistas mantienen entre ellos demuestran

que saben mucho más sobre los acontecimientos de lo que luego cuentan en los medios. De hecho, uno de

los grandes del periodismo analítico, Mike Levine, advierte que los diálogos mantenidos en las redacciones

son mucho más interesantes que el resultado final que se puede leer en los diarios. Cuando Levine asumió

el control del

Times Herald Record en 1999 les hizo a los reporteros una petición, que les ofrecieran a los

lectores su análisis inteligente. Dicho de otra forma se trataría de analizar todos y cada uno de los puntos

que conforman el acontecimiento, de modo que al final el periodista sea quien de unir todos esos puntos y

definir una línea que sea igual a lo sucedido, a la realidad.

3. Producir noticias. Exigencias para periodistas, y también para medios

La necesidad de informar con el mayor rigor y la máxima profundidad de los fenómenos políticos, culturales,

sociales y, en general, relativos a todas las áreas temáticas que interesan al público acabaron por afectar a

la base de la profesión periodística.

Parece, pues, claro que la crisis de contenidos que puede observarse en los medios se debe en parte

a una inadecuación entre el material informativo que ofrecen y los intereses de un público en general

y de distintos públicos en particular; y también en la adopción de una serie de rutinas profesionales

que vician la oferta (Fontcuberta, 1992, p. 36-7).

Los periodistas no pueden reproducir sólo lo que ven y lo que escuchan, ya que deben ejercer también una

investigación porque los hechos no se producen descontextualizados de una situación económica, social y

política concretas. Por ello, han de ser diversos los elementos que deben hacerse notar dentro de cualquier

trabajo interpretativo: la documentación, el análisis, la proyección, el contraste, etc. El tratamiento de la

información produce un mensaje informativo codificado según la estructura piramidal si la finalidad es

describir el hecho observado. No hay análisis. Por el contrario, si la finalidad del tratamiento de la

información es relacionar ese hecho con otros que se produzcan con simultaneidad o anteriormente y con

algunos acontecimientos que se previenen, ese tratamiento requiere un análisis. El resultado es un relato,

que además de ser informativo, contextualiza los hechos y no sólo los describe.

Diezhandino diferencia claramente entre lo que es explicar y lo que es interpretar. "Explicar es decir lo que

pasó" mientras que interpretar implica "analizar lo que supone lo que pasó" (Diezhandino, 1992, p.106-7). La

explicación requiere, por tanto, causas, datos objetivos, probados o comprobados e incuestionables, en

cuanto demostrables. La interpretación busca las claves de lo sucedido basadas en la experiencia y en los

conocimientos del intérprete.

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Conseguir el significado de los hechos exigirá mirar más allá de las ruedas de prensa y de los

comunicados, contactar con fuentes bien informadas, acudir a más y diversas fuentes, pasar más

tiempo con los implicados y con los afectados, mejorar las ideas de las historias e incluso las propias

historias y, en definitiva, mantener esa ambición de querer saber más de lo que ya se sabe en el

momento de decirlo (Sixto, 2007, p. 624).

Lo que ocurre en realidad es que en la actualidad los medios de comunicación no sólo deben atender a una

realidad cada vez más compleja por razones tecnológicas, políticas, científicas o demográficas, sino que

"deben esforzarse por satisfacer las necesidades de información de unas audiencias que disponen cada

vez de un mayor dominio de los contenidos que afectan a sus campos de interés" (Quesada, 1998, p.14).

El análisis requiere en el mercado de la comunicación actual la misma urgencia que pudieron requerir las

noticias en su día. Es tan importante ser ágil con el análisis como lo fue serlo con las noticias en el pasado.

De hecho, "si con la televisión 24 horas las amenazas para una información rigurosa se multiplicaron, con

Internet consiguieron una nueva dimensión" (Sahagún, 1998, p.123).

No basta con que el periodista funcione en el día a día, en la historia a historia, sino que la garantía

profesional estará satisfecha cuando el periodista tenga la misma capacidad analítica y de contextualización

de los hechos que cuando trabaja 'noticia a noticia'. Para que esto suceda los grandes productores de la

información (entendiendo por tal los gabinetes de comunicación o las agencias de noticias) han de tomar

conciencia de que son 'organizaciones de análisis de noticias' y tendrán, por tanto, que contar con una

plantilla de analistas cualificados a los que poder asignarles los grandes temas.

En este sentido, "el periodista (...) necesita una formación superior a la de épocas anteriores. No le basta

con tener un sentido innato de la noticia, ni con elaborar sus mejores escritos a contracorriente del tiempo.

El periodista de hoy debe poseer unos conocimientos teóricos y técnicos que lo capaciten como experto en

comunicación" (Fontcuberta, 1992, p.50). En una sociedad que cambia cada vez más rápidamente y en la

que los medios de difusión desarrollan un papel esencial, como agentes sociales y de democratización, "la

necesidad de formación permanente de los profesionales de la información es cada vez mayor" (Berganza,

2005, p.79).

Y ésta es una exigencia doble, tanto para los medios como para los propios periodistas que desarrollan su

trabajo en este panorama mediático en que se produce una convivencia de los soportes tradicionales –

prensa, radio y televisión- con un nuevo medio digital – Internet-. Se trata de hacer algo más que noticias,

apostar por un periodismo mucho más analítico, valorativo, interpretativo e incluso de pensamiento y punto

de vista del profesional sobre el acontecimiento.

El periodista ha de rescatar aquello que podría haberse perdido de la información original y dar detalles de

la personalidad, el ambiente y los antecedentes que aún no vieron la luz (clarificación); determinar dónde

está el comienzo del hecho, situarlo en el tiempo y en el espacio, determinar cuáles son sus paralelos y que

diferencias puede engendrar al respeto de ellos (perspectiva); comprobar si se trata de un hecho aislado o

si es el primer indicio de un cambio histórico (significación) y entregar todas las posibilidades existentes

acerca de lo que pueda ocurrir (consecuencia). Se trata, por tanto, de un periodismo ejercido sobre la base

de la reflexión, en el que la información es transmitida del modo más completo posible y en profundidad,

puesto que se trata de establecer y exponer el problema creado por el hecho, elemento estructural básico

del acontecimiento. No importa tanto lo que pasó, sino qué significa lo que pasó.

Lo ideal sería que este tipo de periodismo (interpretativo, de análisis, profundo, de pensamiento y punto de

vista) aprovechase también todas las posibilidades y ventajas que ofrece la televisión en particular para

desarrollarse con el propósito de hacer un periodismo de calidad, que vaya más allá de la simple noticia y

que, por tanto, satisfaga tanto al público generalista como a aquellas audiencias segmentadas –cada día

más frecuentes- a las que se dirija. El futuro del periodismo interpretativo dependerá del periodista, ya que

en la medida en que sea capaz de comprender el mundo que le rodea podrá elaborar trabajos útiles que

tengan valor para el público.

Bibliografía

BERGANZA, Mª Rosa. (2005):

Periodismo Especializado, Pamplona: Ediciones Internacionales Universitarias.

BERGANZA, Mª Rosa (2005). Periodismo Especializado, Pamplona: Ediciones Internacionales Universitarias.

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Universidad del País Vasco.

FAGOAGA, Concepción (1982). El Periodismo interpretativo, el análisis de la noticia, Barcelona: Editorial Mitre.

FERNÁNDEZ DEL MORAL, Javier (1983). Proyecto docente, Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

FONTCUBERTA, Mar de. (1992). Proyecto docente, Barcelona: Departamento de Periodismo, Fac. de CC. De la Comunicación de la

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QUESADA, M. (1998). Periodismo especializado, Madrid: Ed. Internacionales Universitarias.

SAHAGÚN, F. (1998). De Gutenberg a Internet. La Sociedad Internacional de la Información. Diplomacia y Periodismo. Televisión y

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Galicia, Dir. Xer. de Xuventude e Solidariedade.

TUCHMAN, G. (1983). La producción de la noticia. Estudio sobre la construcción de la realidad, Barcelona: Ed. Gustavo Gili, S.A.

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